Carta de amor a mi querido San Juan

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Querido hogar,

Como te extraño en estos momentos. Te escribo esta carta con el pecho apretado y los ojos hinchados de tanto llorar tu dolor. No sabes lo difícil que es verte sufrir de lejos y saber que puedo hacer muy poco para secarte las lágrimas, abrazarte y dejarte saber que de esta, también, nos levantaremos.

Ciudad mía, ¡que muchos momentos de alegría hemos compartido a través de los años! Me viste nacer, me enseñaste a volar chiringa, a correr bici, a querer mucho a las palomas y a comer alcapurrias. Cuantos días soleados pasamos nadando en las aguas tibias de Ocean Park y perdiéndonos por las calles adoquinadas de mi Viejo San Juan.

Fuiste cómplice de mis primeras fiestas y chinchorreos. Me regalaste las mejores amistades del mundo, con quienes he compartido momentos de tanta emoción: graduaciones, matrimonios, embarazos, fallecimientos. Me has cuidado a mi y a mi familia.

Mi querido San Juan, me has dado tanto y, sin embargo, yo te abandoné. Hace casi 15 años que me monté en un vuelo hacia el norte en busca de aventura y oportunidad. En ese momento, te confieso, estaba cansada de ti: de tus tapones, de tus apagones, de tus filas... todas cosas que hoy me parecen tan triviales (y hasta chéveres). ¿Como puede ser haya dejado que ofuscaran tu belleza? ¿Como es que no me di cuenta que son parte esencial de ella?

Hoy vivo en un lugar donde todo funciona bien, donde la gente es puntual y la luz no se va. Pero aquí sólo vive mi cuerpo, porque mi corazón siempre estará donde estas tú. Aquí no es lo mismo.

Este sentimiento de realidad encontrada me trajo a la mente un haiku que descubrí mientras era estudiante universitaria, escrito por un poeta japonés del siglo 17 (Perdona el inglés San Juan, pero es muy difícil traducirlo. Además, sé que eres bilingüe así que ni lo intenté.) Así dice:

“Barn’s burnt down — now I can see the moon.”

A pesar del dolor y el sufrimiento, espero que los que te habitan en estas noches de oscuridad puedan disfrutar de tu cielo estrellado. Yo desde acá te veo más resplandeciente que nunca, mi querido San Juan. Veo la belleza de tu esencia y me siento tan orgullosa de llamarte mi hogar.

No puedo esperar a verte pronto y decirte en persona cuanto te amo, incondicionalmente, por siempre.

Hasta el infinito,

Rita

Rita CidreComment