Lo difícil que es estar cerca

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Usualmente escribo sobre lo difícil que es estar lejos de mi patria. Esta vez voy a escribir sobre lo difícil que es estar aquí. En Seattle, especialmente durante el invierno cuando casi no sale el sol, hay días que me levanto con el corazón pesado y unas ganas tan grandes de ir para Puerto Rico que solo el costo del pasaje y los pocos días de vacaciones que tengo previenen que me monte en un avión directo a San Juan. Extraño el calor (del clima y de la gente), la brisa del mar, las habichuelas, la música, la familia… pero sobre todo, extraño el feeling inigualable de mi terruño. Y es que por más que viva en otros lugares y camine muchos senderos, Puerto Rico siempre será mi tierra y pisar su suelo siempre causa en mi un sentimiento de paz - como la que se siente luego de un suspiro profundo.

Cuando extraño a Puerto Rico de forma debilitante (lo cual sucede como una vez al mes) me tranquilizo con pensar que mi algarabía de emociones son causa de una nostalgia engañosa; un sentimiento que no está basado en la realidad de vivir en Puerto Rico, sino en una serie de memorias que eliminan todo lo malo. Me convenzo de que ese arroz con habichuelas que tanto extraño no es tan bueno en realidad; que sabe igual cuando lo preparo en Seattle. Fuerzo a mi cerebro a recordad que cuando vivía en Puerto Rico nunca iba a la playa ni visitaba a mis familiares y amigos con frecuencia.   Denuncio a mi nostalgia y le grito: “mentirosa!”.

Pero estas Navidades regrese a Puerto Rico y tuve que retirar esta agresión.  En los últimos tres días he comido bacalaítos y croquetas, bailado merengue y caminado por las calles de mi Viejo San Juan. Tuve el honor de ver a mi querida prima casarse con el hombre de su sueños y de celebrar la vida de mi abuelo, quien murió hace 10 años. Mi corazón se llenó de orgullo y gratitud al celebrar la publicación de mi libro de cuentos con mi madre, hermana, C y amigos. Y ahora estoy sentada en un balcón junto a C mirando hacia el mar, disfrutando de la brisa salada de la tarde.

He pasado unos días idílicos que me hacen pensar que mi nostalgia quizás no es tan engañosa como pensaba. Por eso es tan difícil estar cerca: porque me recuerda que lo que tanto extraño es real y vive aquí, muy lejos de donde vivo yo.

No sé si vivir en Puerto Rico me brindaría la felicidad que he presenciado estas navidades. Lo dudo. Lo más seguro que retornaría a los viejos hábitos de una rutina de trabajo que no deja tiempo para disfrutar de lo mejor de mi tierra: mi familia. Me imagino que viviendo aquí también empezaría a extrañar otros lugares, a añorar otros caminos. Es inevitable, estamos destinados a querer lo que no tenemos.

Así que ahora que se acaba el año y estoy toda reflexiva: que en el 2015 vivamos todos en el momento, no en la memoria, pero en el ahora. Que seamos felices donde estemos: lejos o cerca. Que demos todo nuestro amor en vida y disfrutemos siempre de lo mejor de la vida, que la nostalgia se encarga del resto.

Rita Cidre1 Comment