Hay que perderse

Hoy llegué 25 minutos tarde a una cita con mi peluquero, super puntual a hora boricua pero el gringo que me tiñe de rubia no estuvo de acuerdo y se rehusó a atenderme. Para añadirle al caso, mi teléfono se quedó sin batería pero le había montado tanto escándalo al tipo que no me atreví regresar a pedirle prestado su cargador - hubiese sido weird luego de haberle tirado la puerta y amenazado con no volver jamás. Gracias al drama (que vergüenza), no me quedó de otra que tener que llegar a mi casa sin GPS.

Mi telefono es una porquería y se queda sin batería super rápido pero no lo cambio porque me da terror tener que regresar a Sprint a firmar un contrato lleno de palabras incomprensible que me van a atar una vez más a un servicio que no entiendo pero sin el cual ya no puedo existir. Pero más que esto, me aterroriza tener que vivir sin Google Maps, perdida como un topo, arrastrando papeles impresos con mapas de Mapquest por las calles de Seattle. Hoy me di cuenta Google Maps, al igual que muchos de los features de mi celular, me hace la vida más fácil pero mucho menos interesante.

Cartel fotografiado fuera de un bar en Cartagena, Colombia, donde la gente sabe vivir.

Cartel fotografiado fuera de un bar en Cartagena, Colombia, donde la gente sabe vivir.

No voy a mentir - luego de salir del peluquero me tomó un buen rato llegar a mi casa. Mi cerebro estaba como "WTF...donde está la vocecita esa que me dice que hacer?! Y ahora, que hago!?" Pero deambulando por las calles de Seattle vi partes de la ciudad que nunca había visto: un restaurante vietnamita bien chevere, un sitio que tiene happy hour de café y cupcakes por las tardes, una cervecería alemana que a C le va a encantar... OK casi todo lo que vi fue comida, pero de todas maneras! Descubrí cosas cool que jamás hubiese visto si estuviera siguiendo las direcciones exactas de mi GPS.

El GPS nos tienen a todos viajando de punto a A a punto Z sin dejar tiempo ni espacio para descubrir y disfrutar el sublime espacio que existe entre la B y la Y. 

Mi punto es: los 'smart phones' nos han vuelto adictos a los procesos lineares y las contestaciones inmediatas.  Pero muchas de las cosas más mágicas, las amistades más bonitas, las oportunidades más interesantes, y los restaurantes más ricos se descubren cuando uno no sabe exactamente a donde va. Por eso es que hay que perderse y disfrutar del estar perdido (lo segundo es aún más importante). Y es que perdiendo es que uno encuentra y se encuentra.