¿De que hablamos si se nos pierde el pasaporte?

Hoy Puerto Rico está de luto, lleno de pésame y dolor por la tragedia ocurrida anoche en Guaynabo. Mi mente y mi corazón están con el niñito de 13 años quien lo perdió todo, con su familia y sus seres queridos. Hace casi 12 años que me fui de Puerto Rico. El propósito inicial de mi viaje era académico, pero me he quedado por otras razones. Yo no necesito mucho para ser feliz. Mis padres me criaron con valores de fe, humildad, y trabajo. Ni los salarios, ni el clima, ni la corrupción, ni el tapón son factores en mi decisión de quedarme por acá. Pero el crimen sí.

Por eso no me sorprende que muchas de las conversaciones sobre lo ocurrido (al menos en mi Facebook) se enfocaran en el éxodo. Para los que viven en los EEUU los eventos justifican su decisión de vivir en tierra ajena. Los que viven en Puerto Rico se preguntan si esta es la gota que colmó la copa - si es hora de comprar un pasaje one way y brincar el charco.

El éxodo es una reacción válida y relevante y sería una hipocresía de mi parte pensar lo contrario - después de todo yo tomé la decisión de irme de Puerto Rico. Pero a veces me pregunto que pasaría si no tuviéramos pasaporte Americano y la única opción fuera trabajar para un mejor Puerto Rico. Si no existiera la opción de irnos – ¿como cambiaría nuestra reacción a sucesos trágicos como los sucedidos anoche? ¿Comenzaríamos a indagar más en las causas verdaderas de nuestros problemas políticos y sociales? ¿En la salud mental de nuestros ciudadanos, el clasismo, el materialismo, y la violencia en los medios? Sin la opción de irnos, quizás podríamos encontrar las raíces del mal que acecha nuestra sociedad.

Pero ese no es el caso. Todos podemos irnos, y muchos lo hemos hecho. Pero a pesar de tener esa opción, como país (y me incluyo aunque esté lejos) debemos tomar momentos de dolor como oportunidades para conversar sobre temas importantes. Y debemos presionar a los medios a que provean reportajes que ayuden al país – a que vayan mas allá de los detalles morbosos de un crimen y escriban artículos que inspiren reflexión y cambio.

Mientras nuestras conversaciones sobre eventos trágicos acaben en éxodo (en “que bueno que me fui” o “me tengo que ir de aquí’) el cambio me parece difícil, si no imposible. Vamos a pretender por un ratito que se nos perdió el pasaporte y que no nos queda de otra: hay que buscar como devolverle el encanto a nuestra isla.