¿Que significa tembol o tranqui?

tembol o tranqui:

intermición, descanso, cesación de hostilidades.

estas palabras originan de la versión boricua de “escondite” y/o “pillo policía” donde se suele designar una pared u objeto que le da inmunidad a todo jugador que la toque. los peores jugadores (los mas lentos o tímidos) suelen quedarse demasiado tiempo en el tembol/tranqui, lo cual causa controversia e incita la ira de el que “manda” o determina las reglas del juego.

estas palabras también pueden ser usadas en otras situaciones: como cuando necesitas un “break” de la vida real o cuando alguien te hace muchas cosquillas y gritas “tranquiiiiii” como manera de alzar la bandera blanca.

¿Que significa un chililín?

Chililin con acento cuadrado  

Los diminutivos son unas de las cosas que más adoro y extraño de mi lengua natal. En ingles (el idioma que hablo en mi diario vivir) todo lo que es chiquito hay que añadirle un "little" alfrente. O un "very little" si verdaderamente es bien pequeño. En español, los diminutivos son el “fa-la-la-la-la” de nuestro idioma. Interminables ititititos, ititititas y chilililines hacen que nuestro idioma cante como una version boricua y más cute de Judy Garland. İNo hay mejor manera de empezar esta mañanita! Ita. Ita.

De mar a montaña

Siempre he tenido mis dudas sobre el masoquismo forestero que los Americanos llaman hiking. Tanto es el rechazo de mi cultura por esto de caminar en el bosque, que no existe ni traducción en español para la palabra. Según Google, hiking en español es “senderismo”. WTF. Mount Rainier en la distancia.

Pero bueno, ya que mi novio es de Austria y vivimos en Seattle, no me queda de otra. Por estos lares ir hiking es tan común como ir a nadar en Ocean Park. Este fin de semana C y yo fuimos a Mount Rainier, una montañota que suele verse desde la ciudad sólo en días muy claros. O sea, casi nunca.

En medio del “senderismo” mi corazoncito comenzó a latir rápidamente, totalmente sobrecogido por toda la belleza natural de este rinconcito lluvioso del planeta. No hay montaña que pueda remplazar al dulce mar Caribe, ni a la brisa salada de San Juan. Pero por unos segundos en ese bosque, junto con C, me sentí más cerca de casa.